
El Sporting regaló la victoria al Numancia, en un partido en el que podía haber encauzado la permanencia, pero dio la sensación de que los gijoneses salieron con la idea de complicarse las cosas.
El primer tiempo tuvo una fase inicial en la que el equipo de Pacheta se mostró excesivamente precavido, con el único objetivo de impedir que los rojiblancos llegaran a las inmediaciones de Juan Pablo. Los sorianos lo lograban porque el Sporting carecía de ataque.
Al Numancia le bastaba con imponer su ley en defensa, zona en la que Ortega y Boris parecían infranqueables. Carmelo, en una posición de enlace, no encontraba el sitio, mientras que Barral corría de forma inútil. Las bandas no existían, ya que Maldonado estaba demasiado limitado y Diego Castro no terminaba de entrar en juego.
El trabajo en el centro del campo, más de contención que de organización ofensiva, era estéril a la hora de pensar. Ni una sola jugada de ataque trenzaron los discípulos de Preciado. Ni una sola llegada en la fase inicial, en la que el Numancia se estiraba sólo a balón parado.
Los protagonistas eran Barkero y Nagore, según la posición en la que sacaran las faltas. De todas formas, tampoco los sorianos se distinguían por un fútbol muy creativo. Un remate de Aranda y un disparo de Nagore, ambos desviados, fue el balance de la artillería del equipo castellano.
El partido resultaba tenso y bronco, sin fútbol. Las defensas podían con las delanteras, con más firmeza en el área local, aunque en la gijonesa se apreciaba cierta contundencia en los despejes de Iván Hernández y Neru.
Cuando el primer tiempo se acercaba a su extinción, el auxiliar de Pérez Lasa vio un penalti en el área del Sporting por un agarrón de Neru sobre Aranda, muy activo durante el tiempo que estuvo sobre el terreno de juego. La falta no ofreció dudas, aunque el colegiado no la vio. Tuvo que ser su asistente quien le señalara la pena máxima que Barkero se encargó de ejecutar. Aunque Lafuente adivinó la trayectoria del balón, no pudo impedir el tanto numantino.
El Sporting salió en el segundo tiempo con más intensidad que el equipo de Pacheta. Los rojiblancos parecían dispuestos a resolver el duelo y no tardaron en igualar la contienda. El empate llegó en el segundo minuto, en una falta sacada en corto por Diego Castro sobre Cote. El lateral lanzó un potente zurdazo que Juan Pablo sólo pudo rechazar. Barral, muy oportuno, cruzó el balón al fondo de la red.
El Numancia encerrado
Parecía que el partido volvía a estar encauzado. Sobre el terreno de juego el dominio era de los gijoneses, mientras que el Numancia estaba encerrado en su parcela a la espera de algún contraataque. Pero en ese momento llegó la jugada fatídica, cuando los gijoneses habían reaccionado. Un pelotazo al centro de la zaga rojiblanca dio un bote y Gerard, que había salido por Neru, dudó en la cesión de cabeza. El balón quedó corto, lo que aprovechó Goiría, quien llegaba en carrera desde atrás, para anticiparse a Iñaki Lafuente, quien no pudo hacer nada, y marcar el segundo tanto local en Los Pajaritos. El equipo de Preciado acusó el mazazo del infortunado gol, aunque volvió a meterse en el partido al quedar el Numancia en inferioridad numérica por la expulsión de Moreno.
La determinación de Pérez Lasa fue rigurosa, aunque el colegiado vasco había puesto el listón demasiado alto en las amonestaciones.
Con desventaja en el marcador y el tiempo consumiéndose, el Sporting apretó el acelerador, pero con poco sentido ofensivo. Sobraban ganas, pero faltaba orden. Preciado retiró a Maldonado para dar entrada a Diego Camacho y modificar el sistema a un 4-1-4-1. Lo esperado era haber aumentado los efectivos en el eje del ataque, con la entrada de un delantero más incisivo como Bilic, a quien tenía en el banquillo. El croata tardó bastante en salir, para situarse en el eje del ataque, junto a un Barral que se escoraba demasiado a la banda, parcela a la que fue trasladado Carmelo.
Desorden total
El desorden era total para intentar una nueva igualada. El rendimiento se tradujo en un partido cómodo para Juan Pablo, que no pasó ningún apuro, salvo en un remate de Diego Camacho que despejó Boris.
Pacheta reforzó el centro del campo con la presencia de Palacios, con lo que formaba una red imposible de superar. El Sporting intentaba hacer circular el balón de banda a banda para intentar abrir la férrea zaga numantina, pero con poco acierto. Las únicas armas que tenía el conjunto de Preciado eran las incorporaciones de Cote, quien respaldaba en todo momento a Diego Castro. Por la banda izquierda llegaron algunos peligros, que morían en los despejes de dos sobresalientes centrales, como ayer fueron Ortega y el avilesino Boris.
En los compases finales, otra decisión rigurosa de Pérez Lasa acabó con la expulsión de Carmelo, al ver la segunda amonestación, quien no podrá estar frente al Racing.
Las fuerzas numéricas quedaban equilibradas, pero el Numancia mantenía su poderío, basado en la seriedad de su defensa y en el buen trabajo de contención de Nagore en el centro del campo.
La derrota de Soria, junto con el resto de resultados que se dieron en la jornada, complica las aspiraciones de los gijoneses. No haber hecho bien los deberes en el césped de Los Pajaritos significa que hay que seguir con el sufrimiento. La pena es que el Numancia se llevó los tres puntos a su casillero por dos regalos incomprensibles.


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