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Un gran gol del mallorquinista Arango derrota a los rojiblancos en un partido que estuvo marcado por la falta de ideas y una defensa desesperante
2 de marzo de 2009

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El Sporting se complica con un fútbol insulso
Lafuente detiene un disparo de Aduriz, que se deshizo bien de la presión del defensa rojiblanco José Ángel. / P. CITOULA
Un gran gol del mallorquinista Arango derrota a los rojiblancos en un partido que estuvo marcado por la falta de ideas y una defensa desesperante
MANUEL ROSETY.-

El Sporting encendió la alarma con otra derrota en la que se puso en evidencia la debilidad defensiva ante un rival directo en el objetivo de la permanencia, con un fútbol soso, insulso, aburrido y, sobre todo, completamente irresolutivo. Queda el sinsabor de que en la jugada previa al gol mallorquinista parece que hubo una mano de Adúriz, que el árbitro pasó por alto. Fue una decisión influyente, al margen del mal juego gijonés.

Es difícil explicar que este equipo haya dado algunos recitales con goleadas en Mestalla o Riazor, cuando se ve una actuación tan lamentable como la de ayer. El Sporting fue una caricatura de equipo, un grupo de jugadores sin ideas y con un extraño sentido de la agresividad. Fue un conjunto sin chispa que se acabó en siete minutos, el tiempo que pasó hasta que Míchel se sorprendiera con un pase de Diego Castro, en una jugada extraordinaria, para que el balón se le fuera desviado, con Aouate fuera del marco. A partir de ahí, todo para el Mallorca. El Sporting entró en una dinámica guiada por la desesperación.

Preciado repitió el 4-1-4-1, frente al 4-2-3-1 de Manzano. El partido se desniveló pronto. El Mallorca salió con reservas, pero pronto empezó a mover a Jurado en una zona de enganche y a dar servicios aéreos a Adúriz. Esto descontroló a la defensa, que empezó a rayar la desesperación. Además, José Ángel perdía la espalda, por donde entraba Varela con alguna comodidad, aunque, afortunadamente para los rojiblancos su punto de mira estaba desviado. También lo tenían fuera de la portería rival los rojiblancos, que, al no encontrar espacios libres en la zaga balear, optaron por tirar desde lejos, pero sin puntería.

A medida que pasaba el tiempo, el Sporting se difuminaba. Es un equipo lento. De ideas y de movimientos. Retiene demasiado el balón y pensar con demasiada tranquilidad permite el repliegue cómodo del rival. Andreu no acaba de arrancar en su zona, Míchel buscaba la forma de participar, pero excesivamente atascado, lo mismo que Camacho, que destacaba por la recuperación del balón. De organizar, nadie sabía nada. Como tampoco contrarrestar el buen toque del lento Santana o la presencia constante de Martí.

Hubo un gol anulado a Adúriz, que se ayudó de una mano para llevarse el balón, lo que le costó una amonestación, aunque lo zagueros rojiblancos no supieron luego buscarle la segunda, que era una forma de eliminar al rival más complicado. El Mallorca sacó un sentido más ambicioso al apreciar que el Sporting empezaba a romperse. Además de ser un equipo parsimonioso, los de Preciado no acertaban en los pases y en su ataque no encontraba sitio. Fue más peligroso el conjunto de Manzano, que pudo ir al descanso con ventaja en el marcador, pero un potente tiro de Martí dio en la escuadra de Lafuente.

El segundo tiempo tuvo poca historia, porque a los cuatro minutos de la reanudación, en una nueva falta a Adúriz, con una aparente mano previa del vasco que Teixeira pasó por alto, apareció el especialista Arango, para alojar el balón en el ángulo superior izquierdo de la portería de Lafuente. Le quitó las telarañas, como se dice en el argot futbolístico. Todo un golazo que dejó el partido decidido.

Preciado buscó revulsivos. Luis Morán y Barral salieron por Camacho y Kike Mateo. El 4-1-4-1 se convirtió en un 4-4-2. Con Andreu y Míchel como pareja de pivotes, Barral y Bilic asumían el eje del ataque, con Luis Morán y Diego Castro en las bandas. Pero, el Sporting había perdido la serenidad, tenía llegadas sin orden, con servicios a lo que saliera. Sin ningún sentido. Sólo puede mencionarse, que no destacarse, un remate de Bilic, sin confianza, a la media vuelta, que se fue a la grada.

Más desbarajuste

La sustitución de Maldonado por Bilic fue otra solución de Preciado, pero lo único que logró fue aumentar el desconcierto. De pronto, Diego Castro empezó a aparecer en la banda derecha, cerca de Luis Morán, pero más al centro. Maldonado salía al centro del campo, para buscar el control del balón, en una zona donde no podía hacer daño al contrario. El Sporting practicaba un fútbol que no tenía ningún sentido. El equipo se convertía en un grupo de jugadores descoordinados, sin agresividad, sin casta, con un rival enfrente al que le bastaba dividirse en dos, para establecer una red de seis jugadores que resultaba infranqueable.

El conjunto balear dio entrada a Keita, escurridizo y rápido, que aumentó los problemas en la zaga gijonesa, al actuar más adelantado que Jurado. Luego, entró Josemi, en un cambio posicional, y al final, Manzano prefirió conservar el resultado, sin correr riesgos, con la entrada de Mario Suárez para dar descanso a Adúriz.

En los compases finales, los rojiblancos abusaron de lanzar balones al área mallorquina o a sus inmediaciones. Todo quedó en amagos. Luis Morán buscó la fórmula para centrar, pero siempre con más defensas que atacantes. Barral estuvo a punto de tocar un buen balón, pero no tuvo fortuna. Sólo hubo un tiro lejano de Andreu, pero directamente a la grada.

La derrota ante el Mallorca abre un periodo de reflexión y redobla la preocupación. Para alimentar el optimismo son precisos argumentos y, en este momento, el Sporting de Preciado no los tiene. O, mejor dicho, no los muestra, como en su momento hizo en Riazor, Mestalla o en Son Moix, ante el mismo rival que ayer tuvo enfrente. Este Sporting es un equipo endeble. Ante los grandes se asusta y frente a los pequeños le puede la responsabilidad. Ayer no tuvo sentido, careció de ideas y el lastre de las indecisiones de la defensa tiene un peso excesivo.

El Mallorca ganó por la mínima y lo único positivo para el Sporting es que conserva a su favor el coeficiente goleador en caso de empate con los mallorquinistas, gracias al 0-2 de la primera vuelta. Pero la ventaja pudo ser mayor, si no llega a estar afortunado el portero Lafuente, que ayer fue el mejor jugador rojiblanco. Cierto es que ayer se acusaron las bajas, los cinco titulares habituales que no pudieron estar a disposición del técnico, aunque es posible que alguno no hubiera jugado, a tenor de los criterios aplicados por Preciado para confeccionar las alineaciones.

Pasó el 'L'Angliru' y llegó la Liga del Sporting, en la que el conjunto rojiblanco se juega la permanencia. Sin embargo, no dio la talla esperada, en una jornada en la que varios resultados fueron adversos. Ahora, toca viajar presionados a Pamplona, ante un rival que está en alza.

Ahora ya no valen disculpas, ni explicaciones. Ahí está el abismo, a dos puntos, a falta de tres encuentros para acabar la competición. Tampoco es momento para lamentar la falta de refuerzos en el mercado de invierno, cacareados desde todos los puntos del planeta, incluida la planta noble.

La única explicación que se puede dar a la afición ahora pasa por volver a ser el equipo que este Sporting demostró que sabe ser y Preciado el entrenador que lo guió tanto en el ascenso, como en la primera vuelta. Da la sensación de que en los últimos encuentros se olvidaron las mejores virtudes que tiene esta plantilla. De momento, las alarmas se escuchan. Y con un timbre demasiado alto.

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