Canal Sporting

Historia del Sporting de Gijón

Del último Eurosporting a la gran crisis
1987-2003

Del último Eurosporting a la gran crisis

Del gran equipo que, diez años antes, había iniciado un brillante ascenso desde la Segunda División hasta la disputa de un título de Liga, dos  Copas del Rey y varias participaciones en la UEFA, pocos jugadores permanecían en activo en 1987. La renovación de la plantilla se había ido  completando poco a poco con la retirada de algunos futbolistas (Quini, Ferrero), el traspaso de otros (Maceda) y sobre todo la llegada de un  número cada vez mayor de jóvenes procedentes de la Escuela de Mareo (Ablanedo, Eloy).

En la presidencia del club también se habían producido  cambios, con la marcha de Vega-Arango y la llegada de Ramón Muñoz. Las altas fichas de los jugadores y los crecientes gastos de un club que estaba  en lo más alto del fútbol nacional dispararon en los últimos años las pérdidas económicas del Sporting, que volvió a encontrarse con un déficit  millonario.

Novoa, tras cuatro temporadas consecutivas en el banquillo, abandona el club finalizada la campaña 1987-88, tras aceptar una oferta del Celta. Le sustituye el ex jugador del Athletic de Bilbao Jesús Aranguren, que no logrará repetir los éxitos de su antecesor. El fichaje internacional de la temporada fue el defensa irlandés Kevin Moran, que mostró poco interés por integrarse en el equipo, hasta el punto de que fue el único jugador de la plantilla que no adquirió las participaciones de la Peña Jiménez agraciadas en la lotería de Navidadde 1988.

El equipo se sostenía principalmente sobre tres pilares: Ablanedo en la portería, Jiménez en la defensa y Joaquín en el centro del campo; para la delantera subieron de los equipos inferiores Monchu y Felipe, formando un equipo que no dio muchas alegrías en esta temporada, pero que dejó partidos espectaculares. Quizás el más recordado sea el encuentro de vuelta de la eliminatoria de Copa que enfrentó a Sporting y Real Madrid. En el Bernabéu, un Madrid que ganaría en 1989 la cuarta de sus cinco Ligas consecutivas sentenció la eliminatoria con un 5 a 2. En El Molinón, el 15 de febrero de 1989, se adelantaron de nuevo con un 2 a 5; sin embargo, el Sporting, dolido en su orgullo, luchó hasta el final y logró una histórica remontada que terminó con un empate a 5 que bien merecía el pase a la siguiente ronda. El final de Liga deja al Sporting decimotercero y, además, por detrás del Oviedo que, en su reestreno en Primera, venció en los derbis regionales, ganando 1 a 0 en el Tartiere y empatando a cero en Gijón.

El éxito de Mareo
Al año siguiente, las cosas no marchan bien en el equipo: de los siete primeros partidos de Liga sólo se consigue empatar uno, perdiendo todos los demás. Esta mala racha provoca la destitución de Aranguren y la convocatoria de elecciones presidenciales por parte de Ramón Muñoz, a las que renuncia a presentarse. El entrenador que se hará cargo del equipo es Carlos García Cuervo, hasta entonces preparador del filial. En noviembre se celebran elecciones para la presidencia, de las que sale elegido Plácido Rodríguez Guerrero. Banquillo y directiva deben enfrentarse a una situación complicada: el equipo no termina de funcionar y el que prometía ser su gran estrella, Felipe Miñambres, ha abandonado el club pagando la famosa cláusula 1006, por la que se desvincula del Sporting para fichar por el Tenerife; las cuentas del club, además, arrojan resultados negativos, por lo que no se puede pensar en fichajes de renombre. La solución para ambos responsables del club vendrá, como siempre, de la cantera. En la temporada 1989-90 debutan en el primer equipo tres jóvenes que llegarían a convertirse en la élite del fútbol nacional: Abelardo, Luis Enrique y Manjarín. Otro delantero se incorporaría al equipo a final de temporada, el checo Luhovy. Ablanedo vuelve a realizar un magnífico campeonato y consigue por tercera vez ser el portero menos goleado de la Liga. El Sporting acabó la temporada nuevamente en decimotercera posición.

Se confía en el entrenador para la próxima campaña, la 1990-91, y se producen los fichajes de varios jugadores extranjeros: el sueco Nilsson, muy habilidoso en el regate pero que poco demostró durante su etapa como rojiblanco; y el búlgaro Iordanov, cuya peculiar manera de arremangarse el pantalón no le impidió convertirse en una referencia para el centro del campo del Sporting. Se produce además una importante incorporación desde los equipos inferiores, un delantero de habilidad inigualable, Juan Castaño Quirós, Juanele.

La plantilla la completaban, entre otros, Arturo, Luis Sierra, Jiménez, Ablanedo I, Tati, Alcázar, Juanma, Oscar, Monchu... Era sin duda un buen equipo, pero, como en campañas anteriores, tuvo un mal comienzo de Liga, lo que le costó el puesto a García Cuervo en el mes de noviembre. Ciriaco Cano, hasta el momento secretario técnico del club, pasará a ocupar el banquillo. Con ciertas polémicas con las alineaciones, con algún jugador e incluso con la prensa, Ciriaco se asentó en un banquillo desde el que supo dirigir a un equipo de gran calidad pero muy joven, en todos los aspectos, juventud que supo controlar hasta el punto de hacer de aquel Sporting de la temporada 1990-91 un nuevo Eurosporting.

El equipo de esta temporada realizó un gran torneo de Copa. Después de eliminar al Zaragoza y a la Real Sociedad, en cuartos de final se cruzó con el Logroñés, que venció en Las Gaunas por 2 a 0. En El Molinón el Sporting hizo un partidazo: marcó en la primera parte el 1 a 0 y, en la segunda, un tiro de Alcázar empató la eliminatoria. Se jugó la prórroga y allí apareció la «conexión Mareo»: tras una jugada, regates incluidos, de Juanele,Luis Enrique remata y marca el gol del triunfo.

Toda la euforia de la temporada y de esa eliminatoria se esfumó poco después en las semifinales, donde, por enésima vez, se quedó el Sporting. Un Mallorca bastante mediocre y que a punto estuvo de jugar la promoción ese año ganó en El Molinón 0-1 y remató la eliminatoria en su estadio con el mismo resultado. El Sporting volvió a quedarse alas puertas de la final de Copa.

En la Liga, El Molinón disfrutó de una de las mejores campañas de los últimos tiempos. Al Barcelona de Stoichkov, Laudrup y Cruyff, un joven Sporting le ganó 1 a 0 con un recordado gol de Luis Enrique, desde fuera del área. Las plazas europeas estuvieron en manos del Sporting durante toda la temporada, pero hubo que esperar hasta la última jornada para asegurar el sexto pase a la Uefa. A los rojiblancos les tocó en suerte jugarse esta plaza con un equipo que también estaba en la lucha europea y además fuera de casa. En Mestalla, ante el Valencia, el 9 de junio, el Sporting dio una lección de madurez y se impuso por 1 a 0 con gol de Luis Enrique a pase de Luhovy. Estos dos delanteros se colocaron entre los cinco mejores goleadores de la Liga, con 16 goles el primero y 15 el segundo.

La temporada 1990-91 significó muchas cosas: en primer lugar dio la razón, una vez más, a quienes confiaron en Mareo como escuela que proporcionaría al Sporting sus mejores jugadores; confirmó que un equipo con numerosos jugadores de la cantera, compensado con la experiencia de otros más veteranos y apuntalado por algún fichaje verdaderamente necesario, era capaz de lograr importantes éxitos. Frente al creciente y excesivo gasto que, desde finales de los años ochenta, empiezan a realizar la mayor parte de los clubes en jugadores estrella y cracks (muy pocos de los cuales respondieron a las expectativas), el Sporting de 1990-91, quinto clasificado en Liga y semifinalista de Copa, con Manjarín, Abelardo, Joaquín, Ablanedo, Luis Enrique, Luhovy... demostró que más importante que el derroche era la planificación, la paciencia para que cuaje un proyecto y la ilusión por unos colores. Pocos supieron sacar estas conclusiones ese año en España y, desgraciadamente, tampoco en el Sporting.

La gran temporada de Luis Enrique no pasó desapercibida para los grandes clubes y así, tras haber disfrutado de su fútbol poco más de un año, Luis Enrique es fichado por el Real Madrid. Aunque no era la primera vez, la fuga de talentos formados en el Sporting se empezó a convertir en habitual desde entonces. Casi sin tiempo para rendir en el Sporting, durante los próximos años abandonarán el club jóvenes jugadores de gran calidad que madurarán en otros equipos. Contrariamente a la política de retención de jugadores llevada a cabo en los años setenta y que tan buenos resultados había dado, los años noventa (y siguientes) significan un éxodo de futbolistas de Mareo, que no terminan de ser aprovechados del todo por el Sporting, ni deportiva ni económicamente, cuando ya son traspasados a otros clubes.

La Uefa depara al Sporting, que ha sustituido en su indumentaria el color azul del pantalón por el blanco, al Partizán de Belgrado, donde juega un joven Mijatovic. Las cosas empiezan bien en el partido de ida, en Gijón, donde el Sporting vence 2-0. Un exceso de confianza por parte de los rojiblancos lo aprovecha el Partizán para igualar la eliminatoria en el segundo partido, disputado en Estambul a causa de los enfrentamientos bélicos en Yugoslavia. El marcador no se mueve en la prórroga, por lo que todo habrá de decidirse en los penaltis. Emilio Isierte, al que Ciriaco, no sin polémicas, prefirió durante la temporada antes que a Ablanedo, paró dos penaltis y metió por fin al Sporting en la segunda ronda de la Uefa, algo que sólo había logrado en su primera participación, en 1978. Como en aquella ocasión, ese fue el techo del Sporting. El Steaua de Bucarest se llevó de El Molinón un valioso empate a dos, que remató en la vuelta con un 1 a 0.

Si conocida es la historia del Sporting en la Uefa, la de sus participaciones en Copa debería convertirse casi en ley: en la temporada 1991-92 vuelve a caer el Sporting en semifinales, esta vez frente al Real Madrid, que remontó el 2-1 de El Molinón con un contundente 5 a 2. En Liga, a punto estuvo el equipo de lograr nuevamente un puesto para Europa, aunque el bajón sufrido en las últimas jornadas le impidió lograrlo.

Finalizada la temporada, Joaquín, de quien un joven jugador de la plantilla llegó a decir que «le tenía más respeto a Juaco que al entrenador », después de haber jugado 479 partidos en Primera División durante 18 años como rojiblanco, abandonó la práctica del fútbol. Tan difícil fue de sustituir, que aún hoy, en las gradas del Molinón, cuando el equipo no funciona, se oye a alguien decir: «Aquí falta un Joaquín».

Sporting, Sociedad Anónima Deportiva
La marcha de Joaquín coincide con una reestructuración total en el fútbol español, una reestructuración económica, pero también deportiva, que cambiará todos los conceptos existentes sobre el fútbol, incluido el propio concepto del fútbol como deporte. Salvando las diferencias, nos encontramos ante un paso similar al que por los años veinte tuvo lugar con la llegada del profesionalismo. Si el profesionalismo había afectado principalmente a los jugadores y sus sueldos, en 1992 afectará directamente a los propios clubes, que pasarán a convertirse en sociedades anónimas deportivas. La gran mayoría de los equipos de fútbol españoles están endeudados, en mayor o menor medida; con la ley del Deporte de 1992, el Estado obliga a los clubes a transformarse en sociedades anónimas, para lo que se les asigna un capital social (600 millones de pesetas, en el caso del Sporting) y se convoca una suscripción de acciones. Quien no pueda alcanzar estos requisitos se verá descendido a Segunda B. De la noche a la mañana, los clubes, que habían manejado de forma descontrolada importantes sumas de dinero durante años, y que están fuertemente endeudados, se ven obligados a buscar accionistas, salvadores y mecenas a contrarreloj. Las acciones del Sporting salen a la venta a un precio de 10.000 pesetas y son adquiridas por unas 4000 personas; sin embargo, esto no es suficiente y se hace necesaria una fuerte inversión, para lo que se busca, desde las autoridades locales, un apoyo empresarial firme, al que se hubo de sumar la participación directa en el proceso delpropio Ayuntamiento, que adquirió el porcentaje de acciones necesario para culminar la conversión del club en sociedad anónima. El Sporting quedó convertido oficialmente en sociedad anónima deportiva en junio de 1992; tres meses después, el primer consejo de administración fue presidido por el empresario Eloy Calvo Capellín, que se mantendría dos años en el cargo.

El Sporting, si bien con apuros, había podido superar el reto de convertirse en sociedad anónima y, aunque sin una ilusión desbordada, se esperaba en Gijón que los cambios beneficiarían al equipo. En lo deportivo, la temporada 1992-93 supone la llegada al Sporting del entrenador holandés Bert Jacobs. Con uno de los equipos más jóvenes de la categoría y el único refuerzo del argentino Scotto, el Sporting tuvo un esperanzador inicio de temporada, con un fútbol ofensivo y de toque, en la línea del que estaba imponiendo Cruyff en el Barcelona, que llevó al Sporting a ascender puestos en la clasificación. El Sporting de Bert Jacobs realizó el mejor fútbol que se había visto en El Molinón en muchos años. Sin embargo, una serie de malos resultados ponen en entredicho la labor del entrenador, que es acusado de no saber imponer suficiente disciplina en el vestuario. Finalmente, y sin haberle dado quizás el tiempo suficiente para que lograra asentar al grupo, Jacobs es destituido y se hace cargo del equipo García Cuervo, con quien el Sporting finaliza la campaña en el puestoduodécimo.

Manjarín, Iván Iglesias, Iordanov, Nilsson y Scotto abandonan el club antes del inicio de la temporada 1993-94, y llegan Sabou, Stanic, Saric y Escaich. Mariano García Remón, que había defendido la portería del Madrid frente al Sporting en los años en que ambos equipos se disputaron más de un título, ocupa el banquillo. Esta temporada fue una de las más extrañas que se le recuerdan al Sporting: después de unos comienzos mediocres, a mitad de temporada se produce una espectacular remontada del equipo que llega a situarse durante cinco jornadas en el tercer puesto, la última de las cuales tras un 7 a 1 en El Molinón frente al Osasuna, con cuatro goles de Escaich, dos de Stanic y uno de Abelardo. La Uefa se volvía a hacer presente en las ilusiones de la afición, pero estos anhelos se convirtieron, unas jornadas después, en angustia por evitar el descenso. Un grave bajón del equipo a punto estuvo de costarle caro: terminó la Liga decimocuarto, a cuatropuntos de la salvación.

Los primeros síntomas
Lejos de ser una anécdota, esta irregular temporada y los apuros finales para mantener la categoría indicaban que algo estaba fallando en el equipo: poca solidez del grupo, jugadores excesivamente jóvenes, fichajes caros pero poco rentables, poca continuidad en los proyectos (los entrenadores conseguían a duras penas finalizar la temporada)... muchas razones pueden explicar la imparable decadencia que vivió el Sporting durante los años noventa y de la que esta temporada fue el primer aviso.

El segundo aviso llega al año siguiente, un año en que hay cambios importantes: la presidencia del club es ocupada desde octubre por José Fernández; del equipo se van Abelardo y Juanele y llegan dos jugadores de características totalmente opuestas que dejan, cada uno a su manera, su sello en el Sporting. Uno es el argentino Hugo Pérez, fuerte personalidad y entrega y las dosis de mando que necesitaba el equipo; el otro es Igor Ledhiakov, un magnífico jugador que, como Cholo Dindurra cuarenta años antes, era capaz de encrespar a cierta parte del público por su aparente indolencia para ganarse luego una atronadora ovación tras una de sus brillantes jugadas. Ninguno de los dos, sin embargo, fue capaz de poner remedio a algo que ya estaba seriamentedañado. García Remón en las primeras jornadas, García Cuervo buena parte de la Liga, y el ex sportinguista Ricardo Rezza en el tramo final del campeonato ocuparon el banquillo de un Sporting que vivió la mayor parte de la temporada en posiciones de descenso y promoción. Tras ganar sólo ocho partidos, el Sporting de 1994-95 terminó a tres puntos del descenso directo y tuvo que jugar la promoción. Allí le esperaba el Lleida, en cuyo estadio terminó el primer partido con empate a dos. Para el partido de vuelta Gijón entero vive en un estado de máxima excitación. Aquel día de verano El Molinón registró un lleno histórico. El Sporting se adelantó con un 3 a 1, pero en los minutos finales el Lleida acortó distancias y a punto estuvo de empatar el partido, lo que habría supuesto el descenso del Sporting. Con el pitido final, las gradas de El Molinón se quedaron vacías y el terreno de juego fue invadido por una afición que abrazaba a Hugo Pérez, a Pier, a Sabou y celebraba la permanencia con un júbilo desbordado. Fue un partido inolvidable.

Este fue el segundo aviso serio que recibió el Sporting, su consejo de administración, su cuerpo técnico, sus jugadores y su afición. En una Liga cada vez más reñida y más poblada de «estrellas», el Sporting se encontraba con dificultades para mantener la categoría y no acertaba a descubrir el modelo deportivo y económico que le permitiera vivir sin apuros. Las medidas que se tomaron después del aviso de la promoción no impidieron la caída en picadodel equipo.

Para las siguientes temporadas se intenta reforzar la plantilla con jugadores veteranos y curtidos. Giner, Bango, Villarroya, Liaño, Julio Salinas aportaron su sabiduría, pero poco más pudieron hacer en un equipo en el que empezaban a aparecer una serie de fichajes incomprensibles, deportiva y económicamente, excentricidades de técnicos y entrenadores que resultaron totalmente ineficaces: Yekini, Ronald Gómez, Oliete, Luna, Souza... Sólo Cherishev y Nikiforov lograron hacerse con el respeto de una afición que volvió a sufrir en la temporada 1995-96, en la que se terminó a dos puntos de la promoción. La llegada de Benito Floro para la siguiente campaña parecía aportar seriedad al equipo. Sin embargo, el verbo seco del ex entrenador del Albacete y del Real Madrid no consiguió explicar ni las razones de los fichajes que había traído ni el juego tristón del equipo. La etapa Floro llegó a su fin a falta de ocho jornadas para el final de Liga. Miguel Montes, ex jugador del Sporting y director de la Escuela de Fútbol de Mareo, se hizo cargo del equipo. Gracias a un triunfo en el Villamarín por 0 a 1 (con gol de Cherishev) contra un Betis inusualmente apático se aseguró la permanencia. Montes fue subido a hombros y coreado su nombre en El Molinón en el último partido de Liga. Nadie podía imaginar en Gijón que aquel sería el último día de sonrisas y aplausosen El Molinón durante años.

El desastre
Mala planificación, decisiones tomadas atropelladamente, fichajes millonarios cuya razón nadie explicó nunca, precipitación... todos los vicios que se habían ido apuntando en el Sporting de los últimos tiempos llegaron a su máxima expresión en la temporada 1997-98, quizá la más decadente y humillante para todo el sportinguismo. Kucharski, Kosolapov, Trotta, Rodrigao, Popovic o Lekovic llegaron al Sporting este año de la mano de una secretaría técnica que parecía empeñada en superar los límites del ridículo. Montes, tras su emotivo paseo en hombros por El Molinón, siguió al mando del equipo, que realizó una parte de la pretemporadaen Saldaña, y que no prometía nada bueno.

El primer partido de Liga lo jugó el Sporting en Compostela con esta alineación: Ablanedo, Velasco, Acebal, Nikiforov, Sergio Fernández, Villarroya, David Cano, Poyatos, Ledhiakov, Tomás y Cherishev. Aquel partido se perdió 2 a 0, igual que el siguiente, en casa contra el Tenerife. El 15 de septiembre el Sporting recibe un escandaloso 6-2 en Mallorca: tres partidos, tres derrotas y, a falta aún de 35 jornadas, se puede decir que el Sporting es carne de Segunda. Montes aguanta esta goleada, pero la derrota 1 a 4 ante el Barça (con dos goles de LuisEnrique) provoca su destitución. Antonio Maceda vuelve a su antiguo equipo, ahora como entrenador (puesto en el que durará quince partidos). Se estrena, cómo no, con derrota (Racing, 4 - Sporting, 1), pero consigue el primer punto del Sporting tras siete jornadas, un empate a uno con gol de penalti de Ledhiakov en Valladolid. Pero no hay recuperación posible: el Sporting ha perdido definitivamente el rumbo y deambula noqueado por los campos españoles como un boxeador borracho a punto de estrellarse contra la lona del ring. Por su parte, la afi- ción, que no ha dejado de acudir a El Molinón, vivirá toda la temporada entre dos extremos: el apoyo a su equipo y la más amarga expresión de rabia. El 0-3 con el que ganaba el Zaragoza, el 16 de noviembre, en la jornada 12.ª, significó la ruptura definitiva entre afición y jugadores, técnicos y directiva. La ola, los «olés» a los pases de los jugadores zaragocistas, la retirada masiva de aficionados de la grada a falta de más de veinte minutos para el final del partido...: quienes aquel día estuvieron en El Molinón nunca olvidarán la sensación de amargura, humillación y rabia con la que vivieron el encuentro. Los que se quedaron hasta el final a punto estuvieron de ver laremontada rojiblanca, con goles de Luna y Tomás.

A partir de aquel partido, el Sporting, como equipo y como club, perdió el apoyo de sus aficionados, lo único que le podía asegurar cierta dignidad en este tenebroso año. El Sporting siguió perdiendo partidos, empatando alguno, Maceda se fue y llegó Novoa para gestionar el desastre, con el que se ganó el primer partido de la temporada, el 8 de febrero de 1998, en la jornada número 24, un 2 a 1 al Racing con goles de Rodrigao y Tomás. Poco más de un mes más tarde, el Sporting fue matemáticamente equipo de Segunda División, Novoa se fue y José Antonio Redondo dirigió los últimos siete encuentros, en los que aún hubo tiempo de arrancar un empate (en Zaragoza) y la segunda victoria (1 a 0 ante el Español, el 5 de abril, con gol de Cherishev).

De 38 partidos el Sporting perdió 29, empató siete y ganó 2, logrando la cifra récord en Europa de 13 puntos. La herida que se produjo en el sportinguismo durante esta fúnebre temporada se mantuvo abierta y sangrando durante años.

Años tristes
Con el descenso, los problemas económicos arrastrados por el club se multiplicaron y vinieron a dificultar la ya de por sí torpe planificación deportiva para la nueva etapa en Segunda. Antonio López, desconocido entrenador que había dirigido a la selección de Bolivia, es el encargado de tratar de devolver al equipo a Primera, o ese era al menos el objetivo que habían transmitido los dirigentes del club. Durante la presentación de la plantilla, Ángel García Flórez, presidente de la entidad por delegación del máximo accionista, José Fernández, es abucheado por la grada durante su discurso. Nadie, puede que ni siquiera él mismo, oyó aquellas palabras. Las buenas intenciones que presumiblemente prometían no se cumplieron.

Antonio López fracasó, llegó Aad de Moss, el Sporting pareció remontar, pero pinchó. Pedro Braojos, segundo entrenador del holandés, se hizo cargo del equipo hasta final de temporada, en que acabó noveno, a 14 puntos del ascenso. En 1999-2000, segunda temporada en Segunda, Braojos en el banquillo, el Sporting que llega a situarse muy cerca del ascenso, y nuevo pinchazo, nuevo cambio de entrenador (Ciriaco) y novenopuesto final, esta vez a seis puntos del ascenso. En lo económico, mientras tanto, las cosas no pueden ir peor y la inestabilidad se traslada al consejo de administración. Tras la dimisión del presidente, Ángel García Flórez, la junta general de accionistas elige a Germán Ojeda para dirigir la entidad. Polémicas de todo tipo rodean su mandato; la quiebra económica de la entidad y la posible desaparición de la sociedad anónima sobrevuelan como buitres famélicos alrededor de un moribundo Sporting. En julio, Juan Pérez Arango se convierte en presidente del club y negociará, la temporada siguiente, la única solución posible que se le encuentra a la desesperada situación económica de la entidad: el Ayuntamiento compra la Escuela de Fútbol de Mareo y la marca Sporting, lo que permite al club tomar algo de aire.

En lo deportivo, la temporada 2000-2001 vuelve a ofrecer más de lo mismo: proyecto frustrado de entrenador (Vicente Cantatore), sustitución por un hombre de la casa (Pepe Acebal) y posición final alejada de la lucha por el ascenso. Mientras, en estas temporadas han ido surgiendo valores de Mareo, como Sergio Fernández, Sergio Sánchez o Pablo Amo, que irán siendo traspasados tan pronto como el Sporting recibeuna oferta por ellos.

Acebal sigue en la temporada 2001-2002 y tiene como mínimo el mérito de haber ascendido del segundo equipo a un joven jugador que, por primera vez en mucho tiempo, se convertirá en ídolo de la afición sportinguista: David Villa marca 19 goles y ayuda a una remontada del equipo que vuelve a amagar, pero no termina de rematar. Las victorias al Oviedo en Copa (4-2 en la primera eliminatoria, a partido único) y en Liga (0-2 con goles de Lozano y Villa y un empate a cero en El Molinón con gol anulado a los rojiblancos en el último minuto) no hacen olvidar la realidad de que el Sporting permanecerá un año más en Segunda División.

Para la siguiente temporada llegan Bauzá y Cristian Díaz, pero se va al Deportivo de la Coruña uno de los mejores defensas que ha dado el Sporting en los últimos años, Pablo Amo. Con Villa como referencia, Acebal sigue en el banquillo, pero es destituido a las pocas jornadas. La vuelta de Maceda no logrará mejorar el rumbo. Se consigue una buena racha de victorias, pero poco a poco se vuelven a esfumar las posibilidades de ascenso. Finalizada la temporada, la venta de Villa al Zaragoza, la inestabilidad económica y la mediocre marcha del equipo provocan una desilusión mayúscula en la afición, sólo en parte mitigada por la debacle que sufre este año el equipo rival. Poco bueno cabía esperar para la siguiente temporada.

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